La escritura del pájaro | Menchu Gutiérrez

Publicado: 15 julio, 2011 en Autor invitado

Acogemos en esta sección, una vez más, y como un privilegio que es al mismo tiempo un honor, a un narrador de personalísima voz. A una narradora, en este caso. La escritura de Menchu Gutiérrez transita desde sus inicios por senderos poco transitados: alejada de cualquier propuesta generacional, de cualquier moda o tendencia, su narrativa, cercana a lo poético en cuanto búsqueda de un conocimiento interior y en cuanto indagación en el propio lenguaje, propone siempre mundos insólitos, realidades ambiguas, pasadizos entre lo vivido y lo soñado. Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957) es autora de una amplia obra en prosa, publicada en su totalidad por la Editorial Siruela, entre cuyos títulos se encuentran Viaje de Estudios (1995), La tabla de las mareas (1998), La mujer ensimismada (2001), Latente (2003), Disección de una tormenta (2005), Detrás de la boca (2007) y El faro por dentro (2011). Además, ha publicado varios libros de poemas y organizado diversos seminarios multidisciplinares en centros como La Casa Encendida de Madrid o el Koldo Mitxelena de San Sebastián. Agradecemos a Menchu Gutiérrez el espléndido texto inédito que nos ha enviado a modo de señal amistosa y de regalo para los lectores de este portal. – Comité Editor

 

La escritura del pájaro

El pájaro picotea migas abandonadas sobre un pequeño velador. Las dos sillas están vacías, pero todavía es posible sentir la estela de quienes allí estuvieron sentados: un hombre y una mujer.

 

Al picotear, el pájaro golpea las teclas de una antigua máquina de escribir y cuenta una historia de encuentros y separaciones.

 

Veo las manos nerviosas de la mujer que tiene un trozo de pan en las manos y lo desmiga nerviosamente mientras el hombre se confiesa. Las migas van cayendo sobre el velador, convertido en un bosque para la locura, un espacio para la adivinación, hecho de exceso de significado. Nadie volverá a recorrer ese camino dejado por las migas de la mujer, que no señalan un camino, sino la desesperación de alguien para quien todos los árboles son iguales. La mujer deja sobre la mesa una escritura rota, idéntica a sí misma.

 

El número de migajas desciende con un ritmo uniforme, como si el dramatismo de la historia no afectara nunca al pájaro escritor. Apenas quedan dos migajas de pan sobre la superficie del velador y mi ansiedad por conocer el final de la historia es tan grande que casi no puedo respirar. Pero el pájaro las rompe en fragmentos aún más pequeños, las atomiza con indiferencia, y me doy cuenta de que durante todo este tiempo ha servido de médium inocente para que yo recordara de golpe aquel día, aquella confesión, aquellas palabras devastadoras que sólo yo conozco.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.