Abordajes | Miguel Pérez Alvarado

Publicado: 28 junio, 2011 en Otras narrativas

[Estos Abordajes son la continuación de los fragmentos publicados en 2011 por Miguel Pérez Alvarado en Ediciones Idea, en diálogo intenso con Ritmo, de Iker Martínez]

 129. En los tránsitos

I. Aunque sea denso el acto de escribir, e innombrable quizás el corazón de su transcurso, nada traiciono si confieso creer que no se vería alterado lo esencial de mi dedicación poética si de ella me fuera restado todo salvo las particulares donaciones dadas por el tránsito.

II. Ninguna imagen, ni el dolor, ni el mundo, ni la luz, ni la verdad, ni acaso la memoria son suficientes; tampoco su presencia es necesaria. Empuja al cuerpo en la mano a derramarse en grafía la única ley indispensable: entrar sin remedio en un espacio abierto por la distancia.

y III. El enigma es, para mí, descifrar cómo las imágenes y el dolor y el mundo y la luz y la verdad y, sobre todo, la memoria acaban siendo convocados dentro del poema a partir de un simple y claro movimiento tectónico de placas. Nunca al revés.

130. El olor caliente y espeso de los pinos horneados por el aire del verano, crepitando la pinocha bajo los pies. Esa es, incluso más intensamente que los contactos primeros con el mar y la arena de la playa, la presencia que abre en mi memoria la posibilidad de pertenecer al paisaje, superando así cierta fase visual, decorativa, de mi relación con el entorno de la Isla. Ayacata, Los Llanos de la Pez o Tamabada, no importa cuándo exactamente, imponiéndome, en parte con violencia, la certeza de habitar una piel más ancha: estar dentro del aire junto a los pinos dentro de un olor.

 1. Vacío y silencio

I. Por principio, la densidad de la materia se nos aparece compacta, inconscientemente impenetrable, lleno el espacio alrededor. Tierra, cuerpo, viento o luz o piedra o mar. El vacío es sólo el presupuesto mental que nos permite entonces ubicar el origen a partir del cual nos es dado reordenar la materia, ocupar el espacio, hacer propio el paisaje: tener habitación.

II. Sin el repliegue personal hacia el silencio, no existiría la posibilidad de la palabra propia. Sin el esfuerzo previo que supone abrir una brecha que tambalee el sonido del mundo alrededor, no se desencadenaría el movimiento que pide, desesperadamente, amortiguar con la saliva tanto ruido insostenible.

y III. Ni el vacío ni el silencio existen, sin embargo, en la experiencia que brota en nuestro contacto con la materia. Están dentro del cuerpo y la palabra, imaginados, tatuados en el interior de los huesos y la lengua; son el testaferro a través del cual explicamos y desenlazamos en nosotros el espacio y el poema, ámbitos sagrados cuya causa y sostén sería terrible admitir que levantamos solos sin ayuda de los dioses. Para su detrimento.

132. Igual que en avalanchas desordenadas de tierra sucesiva se condensa la materia en la piedra, así la palabra hospeda el pensamiento. Escribir sea cincelar y dejar exenta aquella forma en que inesperadas vetas geológicas nos seducen con sus trazos necesarios.

133. El corazón siempre cae del lado en sombra contra el muro. El muro iluminado por la sombra que abre el corazón si cae.

134. La resistencia es el fenómeno a través del cual, vibrando, el cuerpo y sus alrededores se saben uno dentro del otro. Y una vibración qué es sino un movimiento hecho de las reminiscencias mutuas que los objetos se dejan al chocar. Una forma, en fin, de desparramarse en el espacio sin abandonar la propia forma original.

135. Contra un hierro, el choque y su vibración ponen de manifiesto la resistencia dura y evidente de los cuerpos sólidos entre sí. Dentro del agua, piel y líquido reverberan suavemente en todas partes. Pero sólo es propio de las almas sensibles entrar dentro del aire y saberse vibrando en un espacio que sólo a partir de una intensa atención muestra los pliegues de una resistencia. En ese preciso momento, dejamos los límites de la piel para ser más anchos.

136. ¿Acaso es habitual que pensemos con los ojos cerrados, vacía la boca, la piel en reposo? ¿Por qué admitir entonces con tanta facilidad que el pensamiento es aquella parte de nosotros capaz de abstraerse y dejarse llevar por las causalidades que aisladamente enhebra la razón, en lugar de reconocer que ni entonces dejamos de movernos por los latidos en que se zarandea el cuerpo? 

137. (Café Comercial) Sólo en la penumbra la luz oscura nos da desnudez. Afuera, la luz blanca ilimita y endurece el tacto; adentro, la intimidad abierta por los pliegues y claroscuros.

138. Allí donde la historia y la tradición cultural se prejuzgan breves en el tiempo y subordinadas en el rango respecto a qué centros, el cuerpo y el espacio han funcionado como el motor fundamental de la memoria. Donde la abstracción del discurso trae su propia sanción desde el poder, cuerpo y experiencia se convierten en apéndice, en lugar común donde la palabra usada se corrobora a sí misma; sin embargo, en los arrabales, las periferias, los trasluces del mundo es la experiencia personal la que se empeña en funcionar, genésicamente, como certeza de una existencia palpitante a pesar del saber quieto traído desde afuera. En Canarias, ese ha sido el foco que ha hecho germinar una poesía cíclicamente cargada de vahos fundacionales, y por eso el cuerpo y la luz y el paisaje cumplen ese signo clave y enigmático en la tradición literaria de allá. Nada de climas o sensualidades subtropicales, nada de embobamiento en la contemplación del terruño querido o tibio seseo anonadante: palabra que abre en la piel la legitimidad de una certeza vital.

139. Entra en el poema y di, dentro de lo escrito, la densidad que ensargaza tu lengua. En esa resistencia vibra y refulge el mundo cada vez; en ella agota también la sangre sus latidos. ¡Sábelo!

*

Miguel Pérez Alvarado (Las Palmas de Gran Canaria, 1979) reside desde 1997 en Madrid, ciudad en la que estudió Ciencias Políticas y Periodismo. Ha publicado los poemarios Teoría de la luz (Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2001), galardonado con el Premio Tomás Morales, y Levantado templo (Cíclope Editores, 2011). También ha colaborado esporádicamente en diversas publicaciones periódicas: La Plazuela de las Letras, Calibán, 2C-La Opinión de Tenerife, Revista Kafka, Cuadernos del matemático. En Hilo de tres puntas (Ediciones Idea, 2009) se recogen sus conversaciones con el escritor Jorge Rodríguez Padrón. Recientemente acaba de aparecer Abordajes seguido de Ritmo (Ediciones Idea, 2001), libro que pone en diálogo intenso su escritura fragmentaria con Ritmo, obra de Iker Martínez.

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